6 y 7 de octubre eran las fechas señaladas en mi calendario y en el de muchos otros entusiastas de la marca nipona: poco más de un año después de que naciera Champagne, Nakai-san volvía a la ciudad de Reims, Francia para dar vida a otra de sus creaciones. Lo hacía, además, en el mismo taller y para los mismos dueños: Mat, Adrian y Hervé. No contentos con uno, el trío quería disfrutar un segundo RWB totalmente diferente al primero antes de empezar a atender pedidos de clientes, así que no nos quisimos perder la ocasión de compartir ese momento con ellos.

El lugar era el mismo, pero desde que entramos por la puerta nos dimos cuenta de que no tenía nada que ver con la organización del año anterior: habían tomado buena nota de las cosas a mejorar y habían hecho los cambios necesarios para que todo el que acudiera al concesionario durante el fin de semana estuviera lo más a gusto posible. Y la verdad es que la primera impresión no fue equivocada: RWB Francia #2 fue más y mejor. Durante todo el fin de semana pudimos comprobar que esta ha sido una de las builds europeas a las que más cariño y atención se le ha puesto, tanto al coche en sí como a todo lo demás.Ver trabajar a Nakai durante dos días es fascinante, pero también puede ser agotador. Es por eso que esta vez despejaron la zona de exposición de coches, dando cabida a más visitantes y también a algunos colaboradores. Los chicos de SUPERB, encargados de la filmación del evento, tenían una carpa donde se vendía una camiseta con un diseño exclusivo. A su vez, un artista pintaba un grafiti en una de las paredes de la nave. También se podían comprar algunas maquetas o merchandising variado de RWB. Incluso la empresa encargada del interior del 911 había montado un stand donde era posible bordar alguno de los logos de la marca en cualquier prenda de vestir, y la verdad es que fue un acierto, ya que durante todo el fin de semana no pararon de realizar encargos.Pero como es obvio, el centro de todas las miradas era ese 964 color gris oscuro. Aunque con las aletas todavía vírgenes, ya se podía intuir el estilo que buscaban para esta segunda unidad.El interior, a diferencia de Champagne, no era el típico espartano de un coche de carreras, sino que recordaba vagamente al estilo Singer, tratando de conservar las líneas originales de Porsche pero mejorándolo en todos los aspectos posibles: no había rastro de la moqueta original en la parte trasera ni en el túnel de transmisión, ya que se había cubierto toda la zona con una pieza de fibra de vidrio para darle un aspecto rejuvenecido. Los asientos, aunque originales, se habían retapizado en color burdeos a juego con la jaula antivuelco (para mí, el detalle con más clase de todo el interior). Las esferas también eran artesanales y se había instalado un sistema de sonido bluetooth para ocultarlo al máximo posible.Sin embargo, yo estaba deseando ver este RWB en las calles por otro motivo: su motor. Una de las cosas que más se critica de RWB es que estos coches son sólo fachada, una cáscara bonita cuyo rendimiento no está a la altura de su presencia. Y si bien es cierto que en muchos RWB el motor está de serie, hay que recordar que aunque trabajase como mecánico para Porsche, Nakai-san es un carrocero que confía las mejoras de sus coches en Japón a otros especialistas, como Rauh Welt Republik o Promodet. De la misma manera, es decisión de cada dueño de un Rauh Welt mejorar su motor o no.

En este caso, sabía que nadie iba a quedar decepcionado. Llevaba meses siguiendo la evolución del flat six en la cuenta de Instagram de Adrian, y la pinta era increíble: después de desmontarlo por completo y limpiarlo a fondo, se le habían instalado bielas CP Carrillo y pistones Wössner forjados. La bomba de aceite de un 996 GT3, muelles de válvulas reforzados y un compresor TPC Racing completaban la lista de mejoras. Aunque no hay cifras de potencia oficiales, estiman que este 911 ronda los 400 caballos.Como siempre, Nakai-san no perdió el tiempo y se puso manos a la obra desde bien temprano el sábado: preparó el parachoques delantero para presentarlo, poniendo sus ya icónicas rejillas negras en las entradas de aire, y lo colocó para usarlo como referencia para la posición de las aletas.Pero antes de seguir con la crónica me gustaría enseñaros el detalle que más me gustó del coche, y uno de las cosas que me motivó a titular este artículo así: una barra de metal.Algo muy sencillo, pero que a la vez denota que este coche se ha preparado con todo el mimo posible. ¿Por qué?

En los RWB, el diseño que tienen tanto el parachoques delantero como el trasero los hace incompatibles con el refuerzo metálico del parachoques de serie (aquí podéis ver cómo es), por lo que normalmente se eliminan, lo que hace que en caso de golpe frontal o trasero no haya ninguna pieza que absorba el impacto y éste afecte directamente al chasis. Para no tener que prescindir de esa protección extra, en este coche se instaló una barra de dimensiones más reducidas que permitía instalar el kit sin sacrificar en seguridad. Como decía, un detalle del que seguramente poca gente se dio cuenta y que una vez acabado el coche nunca se verá, pero que para mí hace ganar muchos enteros a esta unidad.Durante el primer día, Nakai vuela alrededor del coche. Literalmente, si pestañeas te lo pierdes. Desde que redujo el tiempo que necesitaba para acabar un RWB de 3 días a 2, en el primero deja colocadas todas las piezas del kit y en el segundo se dedica a reforzarlas y ajustar caídas, altura y ultimar detalles, por lo que al final del primer día al coche ya se le ve una forma muy parecida a la que tendrá acabado.Nakai-san dio por acabado el trabajo sobre las 8 de la tarde, así que tras una cena en familia nos fuimos a descansar al hotel.

Como decía antes, el ritmo del segundo día es mucho más calmado, aunque eso no significa que quede poco trabajo. Nakai se pasa el día entero ultimando los detalles del coche para que quede perfecto.

Tras poner el tow hook, presentó el parasol delantero, también marca de la casa, y se dedicó a ajustar las caídas que tendrían las llantas Fifteen52 Outlaw 001, diseño que la marca lanzó en colaboración con Magnus Walker.Una vez satisfecho remató la faena instalando un ducktail, cada vez más de moda entre los propietarios de un RWB pero que en este caso encajaba con la temática vintage perfectamente. También se prescindió del típico vinilo que cubre casi la totalidad de la trasera y sus nuevos dueños optaron por poner un pequeño RWB dorado a juego con el color de las llantas.Con el coche casi listo, sólo faltaba marcar las cuatro gomas con el emblema de Idlers y entregárselo, entre aplausos de los asistentes, ya no como un “simple” Porsche sino como un RWB a sus nuevos dueños: Mat, Adrian, Hervé y la nueva incorporación del taller, Cédric.El coche estaba acabado y había quedado precioso: el color, las llantas, los pequeños detalles… todo lo que habían elegido había sido un acierto. Especialmente los faros, hechos a mano por Adrian. Por lo que tengo entendido la luz que proyectan los faros de serie en este modelo no es nada del otro mundo, pero con los que le instalaron, una mezcla de angel eyes y lupas con xenon, no sólo han conseguido darle un aspecto mucho más moderno a este 964 sino que no tienen nada que envidiar a la visibilidad de un coche nuevo.Pero por muy bonito que fuera el coche no se había movido de donde estaba desde hacía dos días, así que en cuanto cesaron los aplausos, se retiraron las vallas que delimitaban lo que había sido la zona de trabajo de durante los últimos dos días y Nakai se colocó en el sitio donde más cómodo se siente: tras el volante. Giró la llave, el motor rugió y salió a la calle sin mirar atrás. Al natural es como Bourgogne (así han llamado al coche, siguiendo con la temática del primero) se aprecia mejor. Estos no son coches para guardar bajo una funda en el garaje, sino para conducirlos y disfrutarlos. Para eso los concibió Nakai, y creo sinceramente que es como más lucen: en movimiento.

Cuando, tras haberlo probado, Nakai lo devolvió al local y todos los asistentes se habían ido, Adrian me llamó a parte: “Sam, it’s your turn now” me dijo, mientras me enseñaba las llaves. Era la primera vez que Adrian, quien le había dedicado tantas horas a tener el coche preparado para la llegada de Nakai, iba a conducir su criatura, y yo le iba a acompañar: solos, sin cámaras, sin gente apostada a los lados de la carretera, de noche y con las ventanillas bajadas. Como debía ser.

Ese motor es increíble. Estira y no para, tiene la respuesta de un atmosférico pero empuja como un turbo. Literalmente me dejó pegado al asiento. Y el sonido… todavía lo oigo en mi cabeza. Si alguna vez habéis escuchado un 911, sabréis de lo que hablo cuando os digo que no se parece a ningún otro motor. Éste, además, se unía al del escape y al del compresor, todos detrás de nuestras cabezas para crear una sinfonía en la noche francesa que se oyó a cientos de metros a la redonda, seguro. Cruzamos una rotonda un poco pasados, por lo que el culo se descolgó, pero con un golpe de gas y una corrección de volante el coche volvió a su sitio. Era adictivo, y aunque todavía estaba en rodaje, Adrian no pudo resistirse a pisar a fondo en el primer túnel que encontramos en nuestra prueba. Al salir, me miró, me dijo “This is RWB” y sonrió. Creo que a él también le gustó el coche.